Por primera vez

Reflexiones sobre Rusia, Simone y creerse a sí mismo.

De Round Lake al oro

Se largó la entrada en calor de salto y el aire estaba tenso. Después de la antesala del domingo, la supremacía absoluta de Estados Unidos corría peligro y otro equipo se asomaba como posible ganador. Con el impulso de sus compañeros de la rama masculina en la final del lunes, Rusia volvió a brillar y alcanzó su primer título mundial u olímpico en esta modalidad luego de 10 años, con una Angelina Melnikova asumiendo el liderazgo y cerrando un ciclo con broche de oro. Este es también el primer oro olímpico por equipos para Rusia como país: la Unión Soviética supo dominar el deporte durante décadas y su último título fue en Barcelona 1992 como Equipo Unificado. De ahí en más, el primer lugar en los Juegos se les hizo esquivo.

Gelya llevó de la mano al equipo directo a la cima del podio, pero su camino desde 2016 hasta hoy no ha sido fácil. Ganó la plata por equipos en los Juegos Olímpicos de Rio, lo cual lo vivió de forma intensa y más desde el lado de perder el oro, pero al menos contaba con el liderazgo de su compatriota Aliya Mustafina. Luego de su retiro paulatino del deporte, definitivo apenas este año, el puesto de capitana quedó vacante y le fue asignado a Gelya por acción u omisión. No era de las gimnastas más consistentes, no lograba alcanzar su potencial cuando era realmente importante y sufría de algunas lesiones que le interrumpían la carrera.

Con un estilo poco amable (por decirlo de forma decorosa), la coordinadora de la selección rusa la criticó en público varias veces, directa o indirectamente. Ella se repuso de cada golpe y demostró con resultados que se merecía su lugar. Su resiliencia y su presentación artística la hicieron una de las favoritas del público, además de su cercanía con los fans en redes sociales y su demostración de amistad y respeto por las rivales, tanto locales como internacionales. Desde 2019 pudimos conocer más de su historia y su día a día cuando se convirtió en una de las protagonistas del documental The All-Around producido por el Olympic Channel.

Para llevar las riendas del equipo en el Ariake Gymnastics Arena contó con la ayuda de Lilia Akhaimova, una pieza fundamental que aportó no sólo en puntajes sino también en madurez para mantener la calma del equipo en momentos clave. Medallista de plata por equipos en los mundiales de 2018 y 2019, representa a Rusia internacionalmente desde 2017 y se convirtió en olímpica recién en Tokio a sus 24 años. Esta es una carrera un tanto atípica si consideramos que la edad mínima para ser senior es 16 y que usualmente a su edad las gimnastas tienen más experiencia, pero demuestra su espíritu resiliente y su valor en el equipo más allá de las trayectorias usuales. Su fuerte es salto y en esta final realizó un aporte fundamental con un mortero pirueta y media, conocido como Rudi, que levantó la nota de dificultad y las ayudó a empezar el torneo con el pie derecho.

Las dos estrellas más jóvenes de la selección rusa, Vladislava Urazova y Viktoria Listunova, no deberían estar acá. Con apenas 16 años cumplidos, su categoría senior elite inició el primero de enero de este año y, de realizarse los Juegos en tiempo y forma, su participación no hubiese sido posible. De las pocas cosas buenas que nos trajo la postergación fue poder disfrutar de la calidad de su gimnasia en el mayor escenario de nuestro deporte. Vlada participó como gimnasta all-around y a pesar de la caída en viga tuvo un excelente torneo. Vika aportó sus notas en barras, viga y suelo. Su salto a la fama se dió en el mundial junior de Györ 2019, donde la dificultad de sus rutinas y sus líneas encantaron a los nostálgicos de la escuela rusa clásica y las coronaron como sucesoras al trono de la selección nacional.

Rusia le ganó a Estados Unidos, sí, pero principalmente ganó una batalla contra sí mismo. Diez años tuvieron que pasar para que la plata se convirtiera en oro y mucho se debe al legado de Aliya Mustafina, quien cargó a la selección en su espalda en los momentos más duros del ciclo pasado. Su espíritu competitivo y su determinación fueron su sello y con las nuevas generaciones es seguro decir que está a salvo. Quizás este sea sea el inicio de una nueva era donde deslumbrar dentro y fuera de la pedana es la nueva normalidad.

Ganar con o sin medallas

No hay penca en este mundo que no tuviese a Estados Unidos como ganador de este torneo. Incluso después de la clasificación plagada de errores, grandes y no tanto, la mayoría pensó que las estadounidenses volverían a tener una performance dentro de lo usual y continuarían así su racha ininterrumpida de triunfos desde Tokio 2011. La predicción no sólo no se cumplió, sino que la historia se salió completamente del libreto. Luego de anunciar un salto Amanar en el tablero, Simone Biles realizó un Yurchenko 1.5 que significa un giro completo menos de lo planificado en el segundo vuelo, además de una recepción profunda y un paso largo. Ese sería apenas el inicio de uno de los episodios más inesperados de estos Juegos Olímpicos.

Después de lo que sería su primer y único aparato en esta final, decidió retirarse y alentar a sus compañeras desde el banco. La versión oficial indicaba “asuntos médicos” y se corría el rumor de que podía ser tanto por una lesión en un pie, fuertemente vendado, como por salud mental. Más tarde se sabría que su ausencia se debió a the twisties, un tipo de bloqueo mental en el cual la gimnasta pierde la noción del espacio y la habilidad de controlar su cuerpo cuando gira en el eje longitudinal. Si bien su mente le pidió realizar dos giros y medio en salto, su cuerpo hizo uno menos y se perdió en el aire. Los bloqueos mentales en deporte son comunes, pero la gimnasia tiene una capa extra de riesgo y tirar mucho de la piola puede poner en riesgo la salud física del/a atleta, incluso su vida.

“Las amo, van a estar bien” le dijo Biles a sus compañeras antes de dar un paso al costado y asumir un rol de asistente y fanática número uno. Su decisión fue personal pero también colectiva: el sistema de competición 4-3-3 implica que cada equipo tiene 4 gimnastas, 3 pasan en cada aparato y se cuentan las 3 notas. Sin posibilidad de descartar un puntaje bajo (como sí ocurría en la clasificación), Simone prefirió no arriesgar y dejar que el resto del equipo hiciera lo suyo. Esto fue un voto de confianza enorme y una demostración de liderazgo auténtico como pocas veces se ha visto en la gimnasia. Grace, Sunisa y Jordan se fundieron con ella en un abrazo y estuvieron a la altura del desafío. Cubrieron el puesto vacante sin siquiera haber entrado en calor para ganar finalmente el segundo lugar, que a su vez significa perder el primero por primera vez en la última década.

¿Debilidad? ¿Fracaso? Depende de cómo definas la fortaleza y el éxito. Después de Atleta A y la oleada de denuncias de gimnastas alrededor del mundo bajo el hashtag #GymnastAlliance, este deporte necesita más ejemplos de gimnastas seguras de sí mismas que conocen sus límites y no tienen miedo de asumirlos. En palabras de Brené Brown, la vulnerabilidad se trata de “aparecer y ser visto cuando no sabés el resultado” y es una de las mejores medidas de carácter, coraje y autenticidad. En el caso de Biles, esta habilidad tiene un sentido aún más profundo, porque saber escuchar a su mente y su cuerpo, hacerles caso y poner sus necesidades por encima de lo que haría felices a los demás es una de las cosas más difíciles de hacer como sobreviviente de abuso.

Este equipo es el resultado de la crisis institucional que atraviesa USA Gymnastics desde que salieron a la luz cientos de casos de abuso cometidos por el exmédico de la selección a partir de 2016. La organización nunca pidió perdón por el encubrimiento (ni siquiera por la negligencia, al menos) y las gimnastas piden respuestas hasta el día de hoy. A raíz del escándalo público, USAGym se vió forzado a cambiar sus mandos altos varias veces con más de un traspié. Finalmente Tom Forster fue designado como Coordinador de la selección femenina, pero no está ajeno a la polémica: su estrategia de selección del equipo olímpico, o más bien falta de la misma, carece bastante de sentido y refleja a la perfección el conflicto que tienen desde hace más de un ciclo olímpico.

En 2019, Simone Biles contó lo difícil que era para ella representar a una organización que le falló tantas veces mientras ellas hacían todo lo que les pedían. En esta final, una vez más las gimnastas quedaron solas frente a la responsabilidad de dar el máximo en un contexto que no las favorecía en absoluto. Y lo dieron, pero Simone también supo decir “basta” a tiempo. Tenía el mayor puntaje del equipo y ofrecía un margen que se volvió vital en una alineación con talento de sobra, pero armada de tal manera que tenía pocos puntos fuertes. Esa carga seguramente le ejerció una presión extra y su mente puso un freno a su cuerpo en el momento menos pensado.

Sentir tiene una sola compuerta y despegarse de las emociones mal llamadas negativas como mecanismo de defensa nos impide también disfrutar del presente. Ella dejó claro que su prioridad es su bienestar y envió una vez más un mensaje al mundo entero para quien esté dispuesto a escucharlo. Para los que están preocupados porque representa un ejemplo de “abandono” y se volvió una “perdedora”, pueden seguir tranquilos en su sillón. Biles y las gimnastas ya ganaron.

2 respuestas a “Por primera vez”

  1. Avatar de Dan Weksler
    Dan Weksler

    Este post tendría que llegar a todos los medios de mi país al menos, ninguno sabe poner en contexto para explicar lo sucedido. Muy bueno una vez más 👏👏👏

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    1. Avatar de Romina Castellini
      Romina Castellini

      Muchas gracias, Dan! Un abrazo.

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