Gran Bretaña y el hashtag que sacude las estructuras del deporte.
Una parte de mí tiene ganas de hablar de otro tema. Incluso siendo algo tan urgente como el bienestar de atletas, en su mayoría menores de edad, sigue habiendo un impulso por aceptar y seguir, como si fuese a desaparecer solo. Lo cierto es que fue otra semana en la que decenas de gimnastas compartieron sus experiencias en redes sociales, animadas por el documental Atleta A y un pequeño grupo de gimnastas británicas que se organizaron para romper el silencio.
Era lunes en la tarde y ya se venía anunciando hacía algunos días. Varias ex-deportistas de la selección, muchas de ellas reconocidas entre los fans, hicieron referencia al documental y dieron a entender que tenían mucho para contar de sus carreras, en particular del manejo a nivel institucional de las denuncias. En apenas unos minutos, un post con el hashtag #gymnastalliance inundó las redes.

La demanda es clara: la cultura de la gimnasia que permite el abuso, avala prácticas poco éticas y no tiene a las gimnastas en el centro está en todas partes. Ellas, como protagonistas, son testigos de que los resultados a nivel deportivo no justifican los malos tratos ni la actitud de “oídos sordos” a nivel institucional. El comunicado dice lo siguiente:
“Atleta A detalla una serie de eventos dolorosos que nunca debieron haber sucedido.
Apoyamos a todas las sobrevivientes de abuso y condenamos la cultura que no puso la salud y el bienestar de los atletas como máxima prioridad, permitiendo que Nassar actuara.
El entrenamiento de gimnasia es trabajo duro, pero puede ser hecho de la manera correcta para crear resultados hermosos, felices y extraordinarios, sin sacrificar el bienestar de los niños/as ni silenciando sus voces.
Nos declaramos a favor del coaching ético y respetuoso, del liderazgo colaborativo y del trabajo en equipo. Del éxito construido en base a confianza, ciencia y comunicación, no en base al control y la obediencia con miedo, incluso cuando se siente dolor.
Estamos juntos, por un ambiente saludable para todos los gimnastas.
Por un futuro para la gimnasia mejor de lo que ha sido su pasado.”
Encabezado por las olímpicas Jennifer Pinches y Lisa Mason, el movimiento comenzó a tomar relevancia primero en redes sociales y luego en medios masivos en todo el país. Jennifer fue quien escribió el texto y, alentada por otras compañeras como Danusia Francis y Becky Downie, lo compartió en sus redes. En un artículo para el diario The Telegraph, explicaba que como gimnasta que compitió durante muchos años, sabe que esa cultura existe. “No es todo el deporte o cada entrenador, pero definitivamente ha habido un nivel de abuso emocional normalizado, a veces llegando a ser abuso físico, que debe parar”.
A la proclama le siguieron varias notas en medios y testimonios de gimnastas en horario central de televisión, algo impensado para un deporte como el nuestro. Charlie Fellows, Nathalie Moutia e incluso hasta una niña de 8 años contaron su historia en televisión, esperando que tuviera un impacto en la vida de otras niñas y adolescentes y que no tuvieran que vivir lo mismo que ellas. El más impactante posiblemente sea el de Catherine Lyons, que detalla cómo sus entrenadores la golpeaban desde edades muy tempranas e incluso la encerraban en un armario para que parara de llorar.
Si bien la intención es promover un ambiente más sano para los y las gimnastas de cara al futuro, las denuncias dejan entrever el mal manejo de las instituciones a cargo y el manto de silencio que cubre la práctica deportiva de alto rendimiento actualmente. En varias de sus publicaciones en redes sociales, Lisa Mason destaca que muchas gimnastas actualmente tienen miedo de hablar porque temen que serán perjudicadas en su camino a Tokyo. Esto no sólo se reduce a la rama femenina: el gimnasta Gaius Thompson contó que fue obligado a competir lesionado y que teme por las repercusiones de sus declaraciones públicas. “La cultura del miedo está en esto mismo, en hablar. Si soy honesto, esto probablemente tenga un gran impacto en mi carrera, potencialmente se puede terminar por simplemente hablar al respecto.”
Además de los abusos físicos y emocionales, otro de los temas recurrentes en las declaraciones (principalmente en gimnastas mujeres) es cómo las dietas restrictivas y el control excesivo de los entrenadores del peso de las atletas ha dañado su autoestima y la relación que tienen con su cuerpo. La gimnasia es un deporte donde controlar ciertas medidas es beneficioso y promueve una práctica segura y libre de lesiones, pero en los testimonios se refieren a restricciones innecesarias, contraproducentes y no basadas en conocimiento científico. Becky y Ellie Downie, las hermanas más famosas de la gimnasia británica que además continúan activas, se animaron a contar su historia públicamente: “Claramente no nos dimos cuenta lo mal que estaba todo esto en su momento. Nos ha llevado años y años entender y aceptar lo que sucedió”.
Mientras Becky describe que ha sido obligada a entrenar sin estar en condiciones físicas adecuadas, con dolor y lesiones, Ellie se refiere al impacto que ha tenido el control de su peso en su autopercepción. “Desde que tengo 14 años me han dicho que tengo que estar a dieta constantemente. En un momento a esa edad, después de que me hayan dicho de nuevo que estaba muy pesada, una nutricionista me ordenó que le enviara fotos de todo lo que entraba a mi boca y fotos a diario de mi cuerpo en ropa interior para asegurarse de que no estaba mintiendo”.
Cabe destacar que no es la primera vez que los atletas se pronuncian y/o entran en conflicto con British Gymnastics, la federación a nivel nacional que entre otras misiones debe velar por los derechos y el bienestar de sus atletas a cargo. En noviembre de 2017, casi toda la selección masculina y otras atletas de renombre como Amy Tinkler y Ellie Downie se negaron a firmar un contrato con BG por sentir que no respetaba sus derechos. En esa misma nota se reflejan opiniones de entrenadores acerca de la «cultura del miedo» que según ellos reinaba en la interna de la federación. Dan Keatings, olímpico y medallista mundial ya retirado en ese momento, apoyó las declaraciones. «Yo soy uno de los atletas que nunca pudo decir nada porque tenía miedo de no ser seleccionado para el equipo, lo que lleva a perder fondos».
Las repercusiones de este movimiento se están empezando a sentir dentro y fuera de la comunidad local. British Gymnastics emitió un comunicado condenando los abusos denunciados, enumerando las medidas que han tomado en los últimos años y recomendando a aquellos que hayan sido afectados a realizar una denuncia formal en la propia institución. Sin embargo, al mismo tiempo admitió que cometió un error en el pasado al no comunicarle a los padres de una gimnasta que era víctima de un potencial caso de abuso físico, denunciado por otros padres del club donde concurría la niña. La presión sobre la organización crece, en particular sobre la Directora Ejecutiva Jane Allen, quien ha estado a cargo durante la ultima década donde aparentemente sucedieron la mayoría de los casos denunciados.
La mayor herencia del Gymnast Alliance será haberle dado voz a muchas gimnastas que durante años se mantuvieron en silencio. El relato público le da validez a miles de historias alrededor del mundo y contagia la valentía para que otros y otras puedan encontrar las palabras para describir sus experiencias. Así lo hicieron Anne Kuhm, gimnasta francesa que participó en los Juegos de Londres, Daniela Conde, ex gimnasta argentina y actual entrenadora, y Ailén Valente, quien contó las dificultades que sufrió en la preparación para Rio 2016. Sobre todo en los dos últimos ejemplos vemos cómo estas cuestiones están más cerca de nuestra realidad de lo que creemos. Sacarlas a la luz muchas veces es parte del camino de sanación personal y sirven como aporte a la reflexión colectiva para generar un cambio verdadero y definitivo.
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