Una historia de perfección y popularidad.
Emosido engañado. O no. Depende de lo que te hayan contado.
A Nadia Comaneci se la conoce como el primer 10 de la historia de la gimnasia. Todos vimos su serie de barras de Montreal ‘76 en blanco y negro, donde al final saluda al público con los brazos en alto, celebrando una hazaña inédita. La famosa foto de ella mirando a un lado, con el cartel de fondo indicando su nota “073 1.00”, es una postal de la historia de nuestro deporte. Muchos sabemos que ese en verdad no fue el primer 10 sino el primero en los Juegos Olímpicos, pero entendemos que la leyenda va más allá del pequeño detalle y se nutre de circunstancias aún más extraordinarias, como su edad o su carisma, que propiciaron el inicio de un nuevo paradigma en aquella tarde de julio.
Mientras buscaba un material para el curso de gimnasia sobre la primera serie de suelo con música, el algoritmo de YouTube me llevó al primer 10 de Nadia, esta vez en color. Venía pensando en el acompañamiento con música de las series, en cómo antes se hacía con instrumentos en vivo. Me llamó la atención y le di play, buscando minuciosamente el piano en algún lugar del arena. “Qué chiquito el lugar para ser un JJ.OO.”, pensé. En ese momento reparo que estaba viendo una serie de suelo, no de barras, y que no era Montreal. Revisé el título del video y era, de hecho, su primer 10. Sólo que había sido unos meses antes en la American Cup.
Hace mucho tiempo leí su libro de un tirón, sentada en la puerta de casa en verano, sin poder despegarme un segundo. Ella habla sobre su viaje a esta copa, sobre cómo conoció a su esposo allí mismo y probablemente sobre este hecho. Por alguna razón no lo registré y me sorprendí al verlo ahora. Quizás no sea tan importante como la vez que alcanzó el 10 más tarde ese año (y varias veces), pero me quedé pensando en la supuesta dificultad de los organizadores para poner el cartel de cuatro cifras. Siempre había leído que como no se esperaban un 10, el cartel sólo tenía espacio para tres números, en general un 9 con algunas décimas.
La fama relacionada a su puntaje siempre recibió comentarios dentro del ambiente. Nellie Kim, gimnasta soviética que compitió en la misma época y que más tarde se convetiría en jueza y oficial de la FIG, se lamentó en una entrevista que ella pudo haber sido el primer 10. En Montreal ‘76, mientras Nadia competía en barras y lograba su hazaña, Nellie esperaba su turno en la rotación de salto. Ella también obtuvo un 10 y se convirtió en la segunda gimnasta en la historia de los Juegos en lograrlo, apenas unos minutos después de Nadia.
La popularidad de la gimnasia a nivel mundial que traspasó la esfera deportiva y generó un estereotipo de gimnasta pequeña, ágil y añiñada comenzó de hecho algunos años antes. La soviética Olga Korbut se convirtió en la cara de Munich ‘72 y es reconocida como la primera superestrella de la gimnasia internacional. Fue allí donde, según ella misma, se produjo el primer 10 no oficial en la historia de los Juegos: “No es por alardear, pero en 1972, en Munich, mi rutina de barras no fue juzgada correctamente y los 16.000 espectadores sabían que ese había sido el primer “10 no oficial”. Los Juegos pararon 20 minutos porque la audiencia estaba enojada. Era tal el ruido que nadie podía competir”.
Más allá de las controversias sobre los puntajes, si fueron justos o no y si el éxito dependía sólo del número, lo cierto es que el primer puntaje perfecto a nivel internacional que se conoce en la rama femenina sucedió en 1967. Vera Caslavska rompió la hegemonía soviética entre el ‘64 y el ‘68 llevándose un total de 19 medallas de oro en torneos internacionales relevantes. La gimnasta checa, que originalmente era patinadora, fue la primera en obtener un 10 en los Europeos de Amsterdam ‘67, donde se llevó todos los títulos individuales.
Vera es más conocida por su historia personal y su protesta en los juegos de México ‘68, pero merece también el reconocimiento por sus títulos y su puntaje perfecto. Es una de las tantas figuras de los años ‘60 y ‘70 que marcaron la historia de la gimnasia, en una época donde la política atravesaba los torneos internacionales de forma notoria y el deporte femenino todavía se abría camino.
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