La gimnasia es parte de la vida

Reflexiones sobre el sistema, las expectativas y los ciclos de las gimnastas

En medio de un período relativamente tranquilo en cuanto a noticias de gimnasia, Ayelén Tarabini anunció su retiro en las redes sociales y aprovechó la instancia para realizar una serie de denuncias. Acusó al entrenador de la selección Roger Medina y a otros entrenadores y jueces de la Confederación Argentina de Gimnasia de maltrato y de impedir que avanzara en su carrera hacia una posible clasificación a Tokyo. Además de describir situaciones puntuales en las que según ella fue perjudicada, menciona que no tuvieron en cuenta su edad y sus lesiones a la hora de planificar el trabajo y le exigían más a pesar de conseguir buenos resultados. La Confederación negó las acusaciones, respaldó al entrenador y defendió el proyecto de selección que Medina lidera desde 2019 y ha dado buenos resultados a nivel competitivo. Según anunció la CAG en redes sociales y Ayelén en una entrevista posterior, el tema quedará en manos de la justicia.

Eso es apenas un resumen de lo que todos vimos públicamente, sin entrar en detalles ni tomar partido porque no conozco la realidad, no me corresponde y todos los involucrados se merecen respeto y silencio de quienes no formamos parte desde ningún lugar. Independientemente de los hechos y de las declaraciones, y sobre todo dejando de lado el presunto maltrato, lo relatado me sonó familiar y despertó algunas opiniones que he construido a lo largo de los años e intercambiado con otras personas que comparten conmigo el ámbito de la gimnasia. En una federación como la mía, donde no tenemos grandes presupuestos (o no suficientes para cubrir nuestras necesidades) ni un consenso sobre hacia dónde queremos ir, he formado parte de historias similares donde los sueños no llegan a buen puerto.

El ciclo de una gimnasta de nivel alto para nosotros empieza más o menos así: una gimnasta se destaca en niveles infantiles, comienza a tener éxito a nivel sudamericano y se proyecta como una gimnasta de elite junior. A medida que asciende, se va quedando sola: sus compañeras dejan, sus competidoras quedan por el camino en otros niveles, otras se lesionan o eligen no seguir entrenando a alto nivel. Las expectativas no sólo empiezan a crecer, con muchos entrenadores, jueces y dirigentes alrededor esperando las medallas o las clasificaciones, sino que se concentran cada vez más en ella. Como es la única elite y muchos dependen de su desempeño, pasará de largo en los clasificatorios con controles mínimos, basados más en los requerimientos básicos que en los objetivos (si es que los hay). Su pasaje a senior será aplaudido durante un año o dos hasta que empiece a perderse en los rankings internacionales, donde salta a la vista que su sistema de soporte no es suficiente. Después vendrán las especulaciones: si tiene o no el nivel, si se recuperará de una lesión, si está en forma, si tiene el compromiso de seguir entrenando, si se lo merece. Los mismos que le conseguían notas para hablar de su sueño olímpico en TV van a decir que “ya fue”, que no va a pasar de un mundial, que ni sueñe con los juegos. Ahora hay alguien más entrenando que es chica, sin lesiones y dispuesta a todo. Es ella hace 10 años. Y así sin más, se baraja y se da de vuelta.

Es un deporte, es cierto. Las medallas no se ganan con experiencia o sacrificio, porque todas se esfuerzan y lo que se ve al final es un resultado en un minuto y treinta segundos. La apuesta es alta. No ganan las mejores, o no siempre. Gana la que gana. Pero justamente es un deporte y debería tratarse de algo más que sólo ganar. Cuando sos chica, no tenés ni idea de lo que es un juego olímpico o qué se necesita para llegar ahí, mucho menos qué es un himno o una bandera. En la gimnasia nos iniciamos muy temprano, mucho antes de decidir si es o no el deporte que queremos hacer, y eso nos juega en contra a la hora de planificar una trayectoria. Pero de nuevo: ¿la única carrera posible es hacia el podio? Se estima que el 80% de las gimnastas de alto nivel en países occidentales deja la gimnasia a los 14 años. Quizás sea un balde de agua fría, pero 8 de cada 10 niñas que entrenes o arbitres pasará apenas 8 años de su vida en esto. 8 años de unos ochenta en total es apenas un rato.

El trabajo en el gimnasio, la planificación a mediano plazo e incluso el arbitraje nos llevan a pensar no mucho más allá de lo que tenemos enfrente y a adaptarnos a un sistema internacional que va más rápido que nosotros. Todo está creado para que las niñas pasen, den el máximo mientras puedan y sigan de largo. Sin gimnastas no hay clasificación, sin clasificación no hay presupuesto y sin presupuesto no hay base que fortalezca a los gimnasios que viven de esto. Y qué decir de los jueces, que nuestra carrera depende enteramente de la participación de nuestros países en torneos internacionales. Por donde sea que mires, los incentivos están en el lugar incorrecto. Generamos una máquina que toma a niñas con un sueño y las devuelve a los 20 con una carrera relativamente exitosa, un nivel educativo medio, un par de operaciones y una vida sin salir a bailar. Nadie le preguntó si quería hacer esto. Nadie pensó si había otra manera de lograrlo. Nadie piensa en qué queremos lograr.

Las gimnastas pasan frente a nuestros ojos. A veces pienso qué fue de la vida de aquella que compitió hasta los 16 y no la vi más. A varias me las encontré arbitrando, otras como profes. A alguna la vi llevando a su hija a gimnasia. Otras me escriben muchos años después, preguntándome cuándo se hace el próximo curso de juez porque extrañan el deporte. De todas pienso que se merecían más. No fue algo que siempre pensé, porque tenía una visión del alto rendimiento como un camino en una sola dirección donde estás adentro o afuera, cuya meta era llegar allá arriba, quién sabe cómo ni qué tan alto es. La gimnasia de elite seguirá existiendo (ojalá que bajo otras reglas) y siempre será difícil, pero sin dudas podemos y debemos pensar en proyectos que incluyan a todas, a las que sueñan con un juego olímpico y a las que por distintas razones no pueden o no quieren. Hay muchos factores que influyen en qué tan lejos podés llegar en este deporte y la gran mayoría no están en manos de las gimnastas. Es injusto juzgar su esfuerzo por sus resultados.

Desde el lugar en el que estemos, deberíamos dejar en claro a padres y gimnastas que la gimnasia es una etapa de la vida con una fecha de vencimiento que no conocemos y que las probabilidades de un juego o un mundial son bajas. El esfuerzo debe estar en formar personas y enmarcar el deporte en un proyecto de vida más amplio, con la educación en el centro, sin perder de vista lo importante. Quizás quienes más lo deberíamos tener en cuenta somos los que estamos alrededor y tenemos otros roles de mayor o menor responsabilidad. No es ético basar nuestras carreras ni nuestras organizaciones en un sistema de descarte, donde luego de que la gimnasta cubrió las necesidades que teníamos la despedimos y que pase la que sigue. Mucho menos después de que ellas dejaran todo de lado para dedicarse a esto. Después de los años que pasan representando al país, ¿qué les damos a cambio aparte de una plaqueta en un acto público?

Me llevó años entender que como juez muy posiblemente jamás llegue a un mundial o un juego olímpico, que quizás ir a un sudamericano sea lo máximo que pueda hacer y, sobre todo, que mi esfuerzo por aprender y mejorar es lo único que está bajo mi control. ¿Es por eso menos importante o menos valioso lo que pueda llegar a lograr? Depende de cómo me lo plantee desde un principio. La clave está en que sea mí decisión y que tenga las oportunidades adecuadas según mi esfuerzo, que no siempre se van a corresponder con los resultados. Creo firmemente que es un viaje que varios deberían hacer. Me gustaría que construyamos una gimnasia basada en la realidad y no en estrellas fugaces. Coherente, con expectativas de acuerdo al trabajo y los recursos que destinamos. Donde las gimnastas estén en el centro, tengan las oportunidades que merecen y puedan hacer su vida dentro y fuera de la gimnasia. Que su esfuerzo sea reconocido y valorado. Con o sin mundiales. Hay lugar para todos.

Deja un comentario

Descubre más desde Mundo GAF

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo