Sobre Tokyo 2020, que será en 2021 pero se llamará 2020 igual.

Ginza, Tokyo. Foto de Ryoji Iwata.
Y llegó el día en que Bach se puso de acuerdo con Japón: los juegos no van a empezar el 24 de julio que viene, van a ser en 2021 y como máximo en agosto o setiembre.
Algunos se mostraron positivos frente al anuncio, instando a los atletas a mirar para adelante y adaptarse a las circunstancias. Otros se preguntan qué pasará con los atletas que ya llevan varios años en el deporte y posiblemente se retirarán después de los Juegos. Hijos, universidad, retiro, recuperación completa o incluso vacaciones, todo en la lista de prioridades deberá ser revaluado y posiblemente pospuesto.
No sólo afecta a los atletas, que al fin y al cabo son la razón principal. El evento tenía un costo inicial de 7.3 mil millones de dólares, que escaló a 12.6 y será aún más luego de todas las modificaciones. Eso significa que los organizadores, que ya veían la luz al final del túnel, deberán continuar trabajando y con presión extra para mantenerse dentro del presupuesto.
En mi ránking de gente con dolor de cabeza, en el primer puesto están las federaciones. Con el 43% de los atletas pendiente de confirmación, ¿cómo adaptarán los calendarios de clasificación? ¿Qué reglas se aplicarán, las vigentes al 2020 o las del nuevo ciclo? ¿Qué pasa con los nuevos seniors? Hoy analizo qué implica este cambio y cuáles son los posibles escenarios para la gimnasia.
Las reglas
Empecemos por descartar lo más sencillo: es altamente probable que el Código de Puntuación a utilizar sea el 2017-2020, extendido a todo 2021. Si se utilizaran las reglas que entraban en vigencia en el ciclo siguiente, las gimnastas clasificarían con un código y competirían con otro. Además de que los jueces ya fueron designados (y ellos también tienen reglas para clasificar que serían diferentes en 2021), se deberían improvisar cursos internacionales para que hubiesen recursos disponibles antes del inicio del evento. No creo que la FIG se pueda dar el lujo de tener más problemas.
La clasificación
El viernes pasado, el COI respondió varias dudas sobre los lugares que ya estaban asegurados. Los deportes van a mantener la cantidad de atletas que se les había asignado y quienes ya clasificaron mantienen su lugar. Sin embargo, van a tener que negociar los procesos que quedaron pendientes.
En el caso de gimnasia artística, quizás la incógnita más grande es qué va a pasar con las copas del mundo por aparato que se quedaron sin las últimas instancias. El proceso de clasificación individual que suma puntos por ránking llegó a un abrupto final cuando se suspendió la final de Bakú a mediados de este mes (sí, hace apenas 15 días, aunque parece que fue hace un año). Los gimnastas vienen sumando puntos desde 2018, por lo tanto lo más probable es que se mantenga el ránking y se retome en los torneos que faltan (Bakú y Doha). Aunque no es del todo justo, lo mejor es realizar la inconclusa copa de Bakú nuevamente por completo, ya que los resultados que cuentan son los de las finales.
El camino de clasificación por copas all-around que otorga plazas para los países podría ser reanudado sin mayores problemas. La primera instancia fue la American Cup y restan tres más que fueron suspendidas o pospuestas. Tienen la ventaja de ser eventos que se repiten anualmente, pero hay que esperar a tener la fecha de los nuevos Juegos para ver si se pueden realizar las ediciones 2021 con normalidad en abril o si hay que adelantarlas. Otro problema son los torneos continentales, que otorgan también plazas por país y ninguno ha sido realizado. Posiblemente sean más costosos de reagendar porque tienen mayor cantidad de participantes. En caso de que se cancelen, la FIG ya tenía delineado un plan B tomando como base el mundial de 2019, pero parece un poco extraño tomar resultados de dos años antes a la realización del evento.
Todo esto parece relativamente sencillo y reducido a un tema de agendas si no consideramos el punto siguiente.
Nuevas seniors
El punto más controversial es si los actuales atletas junior que serán senior el año que viene deberían o no ser habilitados para clasificar. Hay varios argumentos a favor y en contra y para esto me voy a centrar exclusivamente en la gimnasia artística femenina.
En primer lugar, el COI anunció que si bien los juegos se posponen para 2021, seguirán siendo llamados Tokyo 2020. Es un poco extraño, pero da a entender que el evento será lo más parecido posible al original y no una nueva edición desde cero. El problema de la edad no es exclusivo de la gimnasia artística: el fútbol tiene una edad máxima para participar y va a tener que tomar una decisión similar. Sí es verdad que, a diferencia del fútbol, en la gimnasia se ampliaría la base de atletas en detrimento de los que actualmente están en carrera.
En caso de que se decidieran por incluir las gimnastas nacidas en 2005, grandes estrellas junior a nivel internacional como Konnor McClain o Viktoria Listunova podrían ser consideradas para sus equipos. Su nivel es realmente alto, podrían incluso subir al podio en los Juegos y muchos consideran que no es justo dejar afuera a gimnastas que en su momento estarían entre las mejores del mundo. También es cierto que muchos equipos ya clasificados pueden sufrir bajas importantes de aquí a un año y no tener gimnastas pre-2005 para cubrirlas, o que no sean tan buenas como la nueva camada y por tanto pierdan puntaje. Otro inconveniente es que serían excluidas de copas del mundo y torneos continentales hasta que pasen los Juegos, ya que van a estar destinados a la clasificación individual y por país.
Si bien es una decisión compleja donde ninguna opción es del todo justa, las circunstancias son excepcionales y deben ser tratadas como tales. Personalmente estoy a favor de no incluir a las actuales juniors, y por varias razones.
A favor de dejarlo como está
Por más que pese, ni los Juegos ni los mundiales son exclusivamente para las mejores gimnastas del momento: las cuotas por países para clasificación, la regla de dos por país para finales y los requisitos económicos para participar de copas dejan por el camino mucho potencial. Existen gimnastas excelentes que por vivir en países donde tienen fuerte competencia interna no llegan ni a ponerse la malla del equipo, pero fácilmente podrían ganarle a muchas otras que sí van a mundiales. El camino a los Juegos ya es bastante desigual como para introducir una nueva regla de último momento que beneficiaría a unas pocas y sobre todo perjudicaría directamente a otras.
Participar de los Juegos es un esfuerzo de 4 años, por no decir de una vida entera. Las junior actuales crecieron con París 2024 en mente y apenas se asoman a torneos internacionales. Las que están actualmente en carrera deberán seguir durante un año más aunando esfuerzos para mantener sponsors, financiamiento estatal, apoyo familiar económico y logístico, foco de sus entrenadores en perjuicio de sus compañeras, metas personales que deben esperar, tratamiento médico específico y por supuesto evitar lesiones. Todo esto en medio de una pandemia global que no sabemos cuánto va a durar. Ya es una apuesta muy arriesgada como para que queden afuera a unos meses de la meta por otra regla.
¿Y qué pasa con las seniors como Mustafina o Teramoto, que por razones de salud no estaban listas ahora pero quizás lo estén en 2021 y les “roben” medallas a otras? Nadie puede controlar quién se lesiona y quién no, o quién vuelve antes del tiempo previsto. Eso sí es parte de las reglas del juego. En este caso hay gimnastas que vienen dando todo lo que tienen desde 2018, sobre todo físicamente. Sumarles competidoras que llevan menos tiempo en elite y no tienen nada que perder, sobre todo económicamente, suena muy injusto. Vale la pena recordar que, más allá del sueño como atletas, muchas gimnastas viven de esto y han hipotecado sus vidas muchos años para llegar hasta este lugar.
Sobrevivir a un ciclo entero es duro y sin lugar a dudas es difícil para una gimnasta convertirse en senior el año después de los Juegos. También es cierto que la gran mayoría defendemos elevar la edad del pico de las gimnastas, a favor de la salud y del desarrollo físico y mental adecuados, y resaltamos siempre que podemos que Simone Biles está en su mejor momento a los 23 años o que Sanne Wevers fue campeona olímpica a los 24. ¿Por qué no ser coherentes y apostar a que las gimnastas tengan su pico más tarde, sobre todo cuando va de la mano con lo que ya tenían planeado?
Ningún camino parece fácil. Incluso la primera opción, que a mi entender es la más justa, significa cambiar las reglas actuales del mínimo de edad. La decisión está en manos de la FIG, que deberá resolver lo antes posible este y otros dilemas para que las gimnastas comiencen a pensar en un nuevo calendario o directamente en un posible nuevo ciclo.
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