El 8M en la gimnasia: ¿estamos al revés?
Si tuviera un dólar por cada vez que alguien me pregunta si la gimnasia que yo arbitro es “la de las cintas”, sería millonaria. En esos casos, recurro al imaginario colectivo y respondo “la de Nadia Comaneci” o “la de Simone Biles”, dependiendo de la edad y del aparente uso de medios digitales de mi interlocutor/a. Sin embargo, jamás respondí “la de Vitaly Scherbo” ni mencioné a Kohei Uchimura porque la desorientación sería mayor.
En un mundo donde la equidad de género en el deporte todavía no es un hecho, la gimnasia artística parece ser una excepción: sus íconos mundiales son mujeres y además obtienen más contratos de sponsors, tienen más fans y más horas de TV que la rama masculina. Este no ha sido siempre el caso. En los inicios, como en la mayoría de los deportes, las mujeres tuvieron prohibida la competición en gimnasia a nivel olímpico durante 32 años y finalmente participaron por primera vez en 1928.
Con semejante atraso, en menos de un siglo no sólo nos pusimos al día sino que pasamos a dominar los niveles de participación. El tema de discusión hoy en nuestro deporte va a contracorriente: nos preguntamos cómo aumentar la cantidad de gimnastas en la rama masculina, que como mínimo es muy bajo y al menos en un país no para de caer. ¿En qué momento y por qué razón se dio vuelta la historia? Y más aún: ¿significa realmente un avance?
Estados Unidos y el Title IX
Con alrededor de 5 millones de gimnastas y oportunidades de competición en diferentes niveles, la tendencia a la baja de la participación masculina en Estados Unidos es preocupante, principalmente por el recorte de programas universitarios. Una de las teorías que se comenta en la gymnternet apunta a la introducción del nuevo Código Internacional de Puntuación de 2006, donde se erradicó el 10 como nota máxima. Pero, como bien muestra Kensley Behel, el declive viene de antes.
El debate en twitter cobró relevancia cuando Jonathan Horton, medallista olímpico y mundial, atribuyó la baja a Title IX, una norma en contra de la discriminación por género que obligó a las instituciones educativas a brindar más oportunidades para la rama femenina en sus programas deportivos.
Sin embargo, en la misma discusión virtual rápidamente desmintieron esta afirmación citando un artículo de Forbes donde se demuestran dos puntos: que la ley no es tan exigente con la paridad en la práctica y que la razón del recorte es principalmente las bajas ganancias de ciertos deportes masculinos, incluyendo a la gimnasia.
El fenómeno de la baja popularidad se repite en casi todo el mundo, incluso en lugares donde estas reglas no aplican y donde las oportunidades de financiación son escasas para ambas ramas por igual. Tenemos que ir más atrás en la historia para entender por qué los hijos de mis amigos prefieren jugar a la pelota antes que colgarse de las anillas.
La gracia y la belleza
Originalmente, la gimnasia moderna era practicada por todos y fue una de las pocas disciplinas que se consideró apropiada para mujeres a nivel olímpico. Como argumenta Georgia Cervin en un artículo de la FIG, esto sucedió porque “ponía énfasis en características femeninas como la pasividad, la gracia y la belleza”. Los aparatos eran los mismos para hombres que para mujeres con pequeñas modificaciones en nuestro caso, de forma de enfatizar las poses estáticas y el lado artístico del deporte.
La pseudo-equidad no duró mucho: las ramas competían por separado y los aparatos terminaron siendo muy diferentes, reforzando la idea de la gimnasia femenina como una versión más débil y delicada de la del hombre. Más adelante llegó la revolución del estereotipo de gimnasta en los ‘70: aparecen Olga Korbut y Nadia Comaneci, físicamente más pequeñas y de menor edad, con un look añiñado y más habilidades acrobáticas que sus predecesoras, cuyo estilo se acercaba más al ballet que al circo.
Al identificarse al deporte con estas figuras y su estilo, es de esperarse que los hombres se vuelquen a disciplinas donde sientan que su masculinidad no se ve amenazada y donde la fuerza y la velocidad predominen, sin requerir tanto control, precisión o atención al detalle. Por otro lado, la gimnasia femenina continuó su evolución y hoy son en promedio más adultas, con cuerpos más desarrollados y capaces de realizar elementos con niveles de dificultad y ejecución comparables o superiores a los de los hombres.
Visto desde afuera, quizás la gran virtud de la gimnasia sea el mayor enemigo en este sentido: si los hombres son más fuertes y rápidos, pero en el gimnasio somos todos iguales, ¿cómo se define entonces un varón? Quizás lo que los aleje sea la falta de educación acerca del género y la construcción de la identidad, tanto de ellos como de sus padres. Ojalá a futuro cambiemos el discurso y más niños puedan acercarse a la gimnasia. Después de todo, “correr como una nena” no está tan mal.
5 cosas que pasaron esta semana
American Cup: Morgan Hurd ganó el oro, el debut senior de Kyla DiCello fue un éxito y Jennifer Gadirova sorprendió con su serie de suelo.
L’International Gymnix: MyKayla Skinner compitió por primera vez en el ciclo representando a EE.UU. y lideró un equipo joven.
El impacto del coronavirus en las copas: se suspendió Jesolo y Doha se hará a puertas cerradas.
Italia restringe los viajes desde y hacia la región norte, lo cual compromete las chances de Vanessa Ferrari de obtener su plaza en la copa de Doha.
La FIG aprobó el cambio de nacionalidad de John Orozco y ahora representa a Puerto Rico. El 14 de marzo va a competir por primera vez desde 2016.
Deja un comentario